Liderazgo femenino, nuevo paradigma

Los días 16, 17 y 18 de septiembre se realizó en Barcelona el Primer Congreso Internacional en Liderazgo Femenino del que fui ponente. Fruto de mi intervención en dicho foro de debate es que escribo ahora una breve síntesis de mi visión acerca de este interesante y trascendente tema:

A lo largo de la historia, hemos visto diferentes formas de ejercer el liderazgo y son conocidas las mujeres “líderes” que  han  hecho ostentación del mismo; desde Juana de Arco, pasando por Agustina de Aragón, Rosa Luxemburgo, Eva Perón, Golda Meir, Margaret Thacher, Megawati Sukarnoputri, etc.


Afortunadamente predominan en la actualidad las actitudes de rechazo al liderazgo autoritario y jerárquico, basado en el modelo patriarcal. El liderazgo femenino: este nuevo estilo se va imponiendo, abriendo nuevas posibilidades de desarrollo con la aportación de las mujeres.


La próxima revolución económica, según algunos analistas, consistirá en entender el rol vital de la mujer en la empresa y en los mercados, no solo desde su influencia en las decisiones de compra, sino sobre todo, desde su aportación a una forma distinta de crear, dirigir, liderar y desarrollar proyectos empresariales.


Todo parece indicar que estamos ante una nueva concepción del liderazgo, en el que la creatividad y la sensibilidad necesariamente están presentes, al igual que la comunicación; en un sistema de organización menos jerárquico, más horizontal, donde la multilateralidad y la divergencia de perspectivas, pensamientos y sentimientos merecen total respeto.


Se trata de humanizar las relaciones: las personales, las profesionales, las comerciales, las políticas, las familiares; ¿cómo? creando espacios para la opinión, la crítica, que propicien el encuentro en un ambiente “amigable”.


Por ello la intuición, empatía, disponibilidad para trabajar en equipo y buen trato, que son las cualidades femeninas, deberían ser apreciadas por las empresas para puestos gerenciales y directivos.


La mayoría de los investigadores hablan del liderazgo femenino como un genérico, como un estilo que puede ser aplicado también por los hombres. Pero ante todo, son las mujeres las generadoras del nuevo estilo.


Sin embargo, a muchas mujeres les falta seguridad y confianza para saber que tienen un estilo propio. Entonces imitan al hombre. Ni extraen sus facultades femeninas ni aceptan el riesgo que supone hacerlo.

 

El caso es que la mujer sólo puede aportar a partir de lo que es realmente, de su autenticidad, no desde la impostura. Por ello, conocer y reconocer que las competencias emocionales femeninas “naturales” son una verdadera ventaja competitiva de género, es la clave.

 

Mi contribución profesional supone una guía y apoyo en el proceso de transición que se encuentran realizando las mujeres directivas y que supone abandonar la impostura de un liderazgo netamente masculino para comenzar a liderar las organizaciones desde sus reales competencias y habilidades interpersonales de género ya que aquí radica el verdadero valor de su aporte.


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