Las claves del talento

En los últimos años me he interesado sobremanera sobre cual era la clave que hacía que algunos lo lograran y otros, los menos afortunados, no lo hicieran. Me preguntaba a mi mismo: ¿Qué es el talento? ¿Qué hace que gente con éxito sea diferente al resto? ¿De qué está hecha la grandeza? ¿Todos podemos lograrla? ¿O está reservada para algunos pocos?


 Buscaba una respuesta. Estaba interesado en averiguar cómo la gente consigue grandes cosas y, en toda mi vida he tenido la percepción de que eso se consideraba algo que estaba fuera del alcance de los investigadores y por tanto era una pregunta imposible de responder.


Hace unas semanas tuve el gusto de viajar a Panamá y San Salvador invitado por ADEN Business School y compartir mi trabajo de años y estas reflexiones, con más de 70 directores de Recursos Humanos de distintas multinacionales.


Trabajamos sobre las herramientas y habilidades que les permitirán lograr el “Desarrollo del Talento” en sus organizaciones. Diseccionamos el Extended DISC como herramienta fundamental en el conocimiento de los perfiles de comportamiento, el Facet 5 como diagnóstico de personalidad de mayor fiabilidad del mercado y variadas herramientas de feedback como el EI View 360º de Kenneth Nowack.


En esas sesiones fue cuando les relaté mi descubrimiento respecto a todas las preguntas que me había formulado durante tanto tiempo. Y ese hallazgo fue el revelador libro de Dan Coyle titulado “Las claves del talento ¿quién dijo que el talento es innato?”.


El trabajo de Coyle, les comenté, está basado en revolucionarios descubrimientos científicos, entre los que se cuenta un aislador neural llamado mielina que algunos neurólogos consideran el santo grial de la adquisición de habilidades.


He aquí la razón: toda habilidad humana, ya sea jugar al béisbol o interpretar a Bach, proviene de una cadena de fibras nerviosas que transmite un diminuto impulso eléctrico, básicamente una señal, que viaja a través de un circuito.


La mielina rodea esas fibras nerviosas del mismo modo en que un aislamiento de goma envuelve un alambre de cobre: hace que la señal sea más veloz y fuerte porque impide que se escapen los impulsos eléctricos.


Cuando encendemos nuestros circuitos de la manera correcta (cuando practicamos el swing con ese palo de golf o tocamos esa nota), nuestra mielina responde cubriendo el circuito neural y añadiendo, en cada nueva capa, un poco más de habilidad y velocidad. Cuanto más gruesa sea la capa de mielina, mayor será su capacidad de aislamiento, de manera que nuestros movimientos y pensamientos se volverán más veloces y precisos.

 
 


La práctica intensa se construye sobre una paradoja: el hecho de esforzarte de determinadas maneras para conseguir objetivos específicos (permitiéndote cometer errores y hacer un poco el ridículo) te vuelve más inteligente. O, por decirlo de otro modo, aquellas experiencias en las que te ves obligado a ir más despacio, a cometer errores y a enmendarlos (como si tuvieras que subir por la ladera helada de una colina dice Coyle) acaban por volverte más ágil sin que te des cuenta de ello.


Debemos cometer errores y prestarles atención; debemos instruir nuestros circuitos y seguir activándolos (es decir practicando) a fin de que la mielina continúe funcionando adecuadamente.


Hasta allí, el descubrimiento de un nuevo paradigma para mi. El caso es que durante la mayor parte del siglo pasado, muchos psicólogos educacionales creyeron que el aprendizaje estaba determinado por factores fijos como el coeficiente intelectual y las etapas de desarrollo. Teorías que yo abracé sin mucho esfuerzo.


Por el contrario Barry Zimmerman, profesor de psicología en la Universidad de Nueva York, nunca admitió esa limitada visión. Él, muy al contrario, está fascinado con la clase de aprendizaje que se produce cuando una persona observa, juzga y establece una estrategia para su propia actuación; cuando, en esencia, un individuo se entrena a si mismo.


Las personas calificadas de “expertas” practican de un modo diferente al resto, con una estrategia mucho más detallada. Cuando fallan, no culpan a la suerte ni tampoco a si mismos. Tienen una estrategia que puede solucionarlo.


Estas personas, a través de la práctica, han desarrollado algo más importante que la mera habilidad: han cultivado una comprensión conceptual organizada que les permite controlar y adaptar su rendimiento, solucionar problemas y personalizar el circuito correspondiente según la situación.


Como dice Ericsson, “No hay ningún tipo de célula que los genios posean y que el resto de nosotros no tengamos”.


De modo que cada uno de nosotros tiene más potencial del que supone. Todos tenemos la oportunidad de convertirnos en protagonistas de nuestros propios logros. El truco está en saber cómo hacerlo.


En este blog voy elaborando post a post una guía para este trascendental desafío. Ahora bien el desarrollo de tu talento, como sabes, sólo depende de ti. Recuerda…eres tu propio entrenador.

Si lo que acabas de leer te ha gustado, te invito a compartirlo:




Me gustaría saber tu opinión:



6 Respuestas para “Las claves del talento”


  1. Maria Says:

    Muy bueno el artículo, si aplicamos la teoria a las empresas es posible hacernos responsables como directores de equipos en entrenar a cada persona en el proceso personal de construcción de talento hasta que se convierta en un rasgo de carácter y así tener equipos en continuo crecimiento y motivación….



  2. Josep Says:

    Hola Alfredo, es posible conseguir el video de Coyle en castellano?



  3. Carmen Says:

    Siempre creí que si se está lo suficientemente motivado se puede llegar a conseguir, mediante esfuerzo, lo que uno se propone. Me tranquiliza constatar que lo que siempre he creído, porque así me lo ha demostrado la experiencia, tiene una base demostrable científicamente. Por ello te doy las gracias, porque tu trabajo y el de otros como tú logran motivar a quien lo precisa y alentar a los que trabajamos a diario para continuar alimentando nuestra motivación y desarrollo. Thanks.



  4. alfredo Says:

    Exacto María!!! la clave está en mielinizar los comportamientos deseados de tal manera que se transformen en hábitos automáticos e inconscientes para las personas. Dicho esto, es necesario que la empresa realice un “inventario” de cuales son las competencias, habilidades y valores que desea que sus subordinados actuen a fin de entrenarlos en esa visión.



  5. alfredo Says:

    Hola Josep, lo estuve buscando en Youtube y no he tenido suerte. Espero que tu si la tengas…seguro que no eres un “inmigrante digital” (al decir de Enrique Dans), como yo.



  6. alfredo Says:

    Carmen, muy agradecido por tu sincero comentario. Es así, si tenemos el verdadero compromiso de entrenarnos duro para desarrollar competencias de cualquier tipo, es una verdad científica que podremos adquirir esas competencias y habilidades. El caso es cuanto compromiso estamos dispuestos a demostrar antes de desfallecer, abandonar o quejarnos “es muy difícil”, “no soy lo suficientemente bueno”, “otros nacieron para esto, yo, no”. Así como hay unos que llegan, la mayoría encuentra excelentes excusas para no hacerlo. En fin, todo depende de nuestro compromiso por lograrlo……“Si oyes una voz dentro de ti diciéndote ‘no sabes pintar’, pinta, faltaría más, y la voz se callará.” Van Gogh


 
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