El valor de la experiencia

“La experiencia no consiste en el número de cosas que se han visto, sino en el número de cosas que se han reflexionado.”

José María de Pereda


A lo largo de nuestra vida hemos acumulado muchas experiencias de las cuales podemos servirnos. Extrayendo de ellas los recursos necesarios, podemos lograr un gran desarrollo como personas, lo que nos permitirá afrontar con solvencia y flexibilidad cualquier desafío.


En nuestras propias experiencias reside la clave para actuar en forma eficiente. La programación neurolingüística o PNL, a través de modelos específicos, se orienta a rescatar recursos de nuestra experiencia, para mejorar en base a ellos nuestro desempeño personal.


John Grinder y Richard Bandler fueron los padres de la PNL a comienzos de los años setenta. Esta técnica de modelado es en sí un formato poderoso basado en la experiencia humana y la comunicación. Su origen se debe a la investigación sobre el comportamiento humano realizada por estos dos investigadores contemporáneos.


¿Cómo puede ser que dos personas con la misma formación y capacidad obtengan resultados tan distintos? ¿Cómo es que a uno se lo puede considerar excelente y a otro solamente competente?


Para responder tales preguntas, Grinder y Bandler elaboraron un modelo de los más grandes psicoterapeutas del momento, incluyendo a Virginia Satir, Milton Erickson y Fritz Perls, entre otros, quienes alcanzaban un alto grado de eficacia sobre el resto de sus colegas en los Estados Unidos.


Descubrieron tras su observación cómo funcionaban los mecanismos de excelencia, y comprobaron que la clave del éxito estaba en el empleo de procedimientos y patrones de comunicación específicos. Concluyeron finalmente que toda tarea humana aparentemente superior, por inexplicable que pueda parecer a primera vista, tiene una estructura que puede ser identificada y transmitida.


Lo que hace actualmente la PNL es identificar y describir el modelo de funcionamiento de cualquier habilidad especial o excepcional del ser humano, para que así pueda ser comunicada, comprendida y utilizada.


La PNL no se trata de técnicas extrañas o desconocidas, ajenas a nuestra conducta, sino de un proceso que permite conocer y utilizar de manera eficaz nuestro propio código de comunicación para conseguir las mejores respuestas y resultados en cualquier medio en que nos desempeñemos: social, afectivo, personal o profesional.


Así, cuando nos suceda algo y no podamos comprender fácilmente qué utilidad puede tener esa experiencia para nosotros, es necesario indagar haciéndonos preguntas: ¿Por qué me ha sucedido esto? ¿Qué he hecho yo para generar esta situación? ¿Cómo puede beneficiarme? ¿Qué puedo aprender? ¿Cuál es la señal y cuál la enseñanza? ¿Cómo transformarla en algo positivo?


La única forma de aprender es en base a las vivencias, y a lo que podamos extraer como enseñanza de ellas. Porque lo que se oye se olvida, lo que se ve se recuerda, pero lo que se hace es lo que realmente se aprende.


Nuestra experiencia nos define. En fin, yo diría que haber sido es la forma más segura de ser. Como dice Frankl, la persona que ataca los problemas de la vida activamente y sin miedos es como un hombre que arranca sucesivamente las hojas del calendario de la vida y las va archivando cuidadosamente después de haber escrito unas cuantas notas al dorso. Así refleja con orgullo y goce toda la riqueza que contienen estas notas. Así advierte que ha vivido plenamente.


¿Qué puede importarle entonces envejecer? ¿Tiene alguna razón para envidiar a la gente joven, o sentir nostalgia por su juventud perdida? ¿Por qué ha de envidiar a los jóvenes? ¿Por las posibilidades que tienen? ¿Por el futuro que les espera? “No, gracias”, pensará.


En lugar de posibilidades, todos contamos con las realidades de nuestro pasado. No sólo la realidad del trabajo hecho y del amor amado, sino de los sufrimientos sufridos valientemente. Estos sufrimientos son precisamente vivencias, de las que solemos sentirnos más orgullosos aunque no inspiren envidia.


Debemos ser concientes del largo camino interior que tenemos por recorrer. Y es en ese camino que aprenderemos numerosas lecciones en forma de experiencias.


¡Abramos los ojos! Porque esas experiencias tienen una reserva invalorable de recursos guardados. Nuestra misión entonces es aprovecharlos, sabiendo que en ellos reside nuestro verdadero tesoro interior.


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